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¿Le sacas el máximo rendimiento a tus zapatos?

Date: 
09/01/2008 - 23:52

¿Qué zapato necesitas?

El calzado es el accesorio deportivo más importante para correr si tenemos en cuenta que nuestro peso se multiplica por dos o tres veces en cada impacto de nuestros pies contra el suelo. Su elección puede influir en nuestro rendimiento deportivo, y lo que es más importante, en el desarrollo de lesiones. Aún habiendo elegido un zapato deportivo adecuado, hay que saber hacer un buen uso de ella para sacarle el mejor rendimiento (cuidados, detectar cuando caduca, etc.).
Para empezar, deberíamos saber cuales son nuestras necesidades anatómicas y biomecánicas, posibilidades económicas, tiempo e intensidad que le vamos a dedicar a la práctica deportiva y superficie sobre la que vamos a usar el zapato.

Muchas veces las innovaciones que presenta cada marca son meras estrategias de marketing y no resultan en productos funcionales o que justifiquen su precio. Por eso, nuestro consejo es que salvo que usted disponga de buen respaldo económico y pueda resolver la situación descartando el calzado fallido y volviendo a comprar otro, no compre la última tecnología, sino que se centre en modelos de rango intermedio de precios, que por lo general se fabrican con tecnologías intermedias (goma EVA inyectada, poliuretanos, refuerzos de plástico termoconformados, etc.) que además de ser más económicos, están más probados y de los que seguramente usted encontrará referencias de otros corredores.

La compra siempre debería realizarse por la tarde, ya que a esa altura del día los pies están más dilatados y su tamaño representa más fielmente el que podrá tener al correr. Se debería hacer con el tipo de calcetines con las que las vayamos a usar y calzándonos los dos pies (por norma general, un pie suele ser más grande que el otro). Una vez calzado pruebe a separar los dedos de los pies. De ninguna manera el antepié debe quedar aprisionado dentro de la horma. Cerciórese de que el contrafuerte del talón evita que el pie “chancletee” al caminar con ellas. Con el calzado anudado correctamente, asegúrese de que el empeine no sea comprimido por ningún elemento rígido. Si es posible, aunque el vendedor le tome por loco, corra con los zapatos dentro del local (aunque sea unos metros ya que todo corredor sabe que el veredicto definitivo sobre la adecuación de un calzado no se puede dar sin antes correrle unos 10km.

Si usted es mujer no se deje encasillar en los modelos para damas. Ciertamente, muchas mujeres responden mejor al patrón de horma estándar con el que se diseñan estos modelos (pies más finos y estrechos); sin embargo, otras diferirán y se sentirán más cómodas con calzados de horma masculina. Como siempre usted tiene la última palabra, por eso, pruebe sin reservas.

Si hablamos de las necesidades anatómicas deberíamos tener en cuenta nuestro peso y estatura, grado de sudoración (para una correcta elección del material del corte del zapato), longitud de nuestros pies, ancho del metatarso y empeine (para una elección adecuada de la talla y los sistemas de sujeción y anclaje), conocer las alteraciones estructurales de nuestros pies y las estructuras con las que se relacionan (pies cavos, planos, metatarso aducto (pie en forma de “c”), genu varo (rodillas en paréntesis), genu valgo (rodillas en x) y un largísimo etcétera.

Todas las imágenes corresponden al pie derecho.

Si tenemos en cuenta las alteraciones funcionales sería útil conocer nuestro tipo de pisada, si somos hiperpronadores, pronadores moderados, débil pronadores…si padecemos cualquier tipo de dismetría (una extremidad estructuralmente más larga que la contralateral, una escoliosis (desviación de columna), un problema de oclusión dental, un pie más pronador que otro) y tener en cuenta los antecedentes de lesiones, ya que suelen afectar frecuentemente a nuestra biomecánica.

En cuanto a la tecnología del zapato, se podría escribir varios artículos sobre el tema. La mayoría de las clasificaciones hablan de varias categorías, cada una de ellas cumplen unos requisitos para los cuales se emplean materiales específicos y estructuras diferentes de zapato y sobre los que solo vamos a dar unos esbozos. Por ejemplo, en la categoría de amortiguación neutra o para débil pronadores o “cushioning” (enfocadas a corredores de largas distancias) se ofrece una gran amortiguación de impactos que permite movimientos más amplios a los pies.

Los zapatos de competencia son los más ligeros de todas las categorías (140-280g cada zapato) y por ende, protegen muy poco de los impactos contra el suelo. El corte es sencillo y el grosor de la entresuela notoriamente menor que el de los zapatos de entrenamiento. Sólo deberían usarlos atletas esbeltos que compiten por los primeros puestos y cuyas marcas en ruta estén por debajo de los 17minutos los 5Km, 35minutos los 10km, 1:15 el medio maratón y 2:40 en maratón.

Por último, los zapatos todo terreno o de Trail, se usan para competir en caminos, recorridos de campo a través y en montaña, donde predomina la humedad, barro, tierra y piedras sueltas. Su suela esta diseñada para tener mejor agarre a este tipo de terreno (como el sistema Tracción de Adidas) y el corte de algunos modelos se refuerza con materiales impermeables. Algunos de ellos, presentan control de movimiento.

En cuanto a la vida útil, un calzado de correr de entrenamiento utilizado por una persona de peso medio, que no sufra grandes alteraciones biomecánicas (sobrepronación o supinación) y habiéndolas usado para una mezcla estándar de entrenamientos lentos y veloces, en terrenos de dureza intermedia, puede durar sin perder dramáticamente sus propiedades de amortiguación hasta unos 800km. Si el individuo pisa mal el calzado durará menos. De la misma forma, si el corredor es muy pesado o si la proporción de entrenamientos rápidos es mayor que la de lentos. Si el calzado se usa principalmente sobre terrenos blandos durará más. Si el zapato es liviano y flexible durará menos, hasta el punto de que un calzado de competencia puro quizá solo sirva para un par de carreras. Otros criterios se basan en la observación del calzado sobre una superficie plana, analizando la deformación del mismo. El síntoma más evidente que indica un cambio inminente de calzado es la aparición, injustificada por otras razones, de dolores en los pies, articulaciones o cansancio muscular mucho mayor de lo usual en muslos y piernas.

La elección debe estar basada en la mayor cantidad de variables posibles para garantizar que el zapato mejore nuestro rendimiento deportivo y nos ayude a prevenir lesiones, siempre teniendo en cuenta que por muy caras y tecnificadas que sean nuestros zapatos es muy difícil que corrijan por completo anomalías específicas de nuestros pies o alteraciones biomecánicas importantes(y en el caso de que lo hicieran sólo lo harían mientras calzamos los zapatos), para lo cual se requiere un tratamiento específico a cargo de profesionales especializados.



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